Inicios de una buena educacion en casa de nuestros cahorros caninos
Independientemente de la raza del perro, de si es más o menos
inteligente, y de que vaya a ser un perro de compañía o vaya a trabajar, hay
unos mínimos que el perro ha de aprender. Cuanto más joven se empiece a
enseñarle, mejor. Lo ideal, y en ciertos casos imprescindible, es que en cuanto
entra en casa se dé comienzo a su educación.
Como reglas generales, no hay que perdonarle ni un fallo ni una desobediencia, ser más constantes que él, y no dar por finalizado un ejercicio hasta que no lo ha hecho correctamente. De lo contrario aprenderá que a veces puede salirse con la suya, y obedecerá solo cuando le interese.
Como reglas generales, no hay que perdonarle ni un fallo ni una desobediencia, ser más constantes que él, y no dar por finalizado un ejercicio hasta que no lo ha hecho correctamente. De lo contrario aprenderá que a veces puede salirse con la suya, y obedecerá solo cuando le interese.
Acudir a nuestra llamada.
Se debe usar siempre la
misma palabra como orden, para no confundirle. Es posible que obedezca
voluntariamente, en ese caso hay que premiarle para fomentar esa obediencia. Si
no obedece se puede usar una cuerda larga y al tiempo que se le dá la orden, se
le atrae hasta nosotros, hasta que acabe entendiendo lo que se le exige.
Hacer sus necesidades en la calle.
Siempre que se le
descubra in fraganti ensuciendo la casa, hay que castigarle
inmediatamente. No sirve hacerlo después de que haya pasado un tiempo o, si se
ha quedado solo, regañarle cuando volvemos, pues no lo asociará a la falta que
ha cometido. Como complemento, cada vez que hace sus necesidades en la calle se
le debe felicitar calurosamente. Hay que tener más paciencia que él y no
dejarle pasar ni una. Importante: la costumbre de frotarle el hocico en
lo que ha ensuciado es contraproducente, pues si no nos entiende bien, pensará
que es lo que debe hacer y puede llegar al extremo de ensuciarse él mismo o
comer los excrementos, pensando que con ello hace lo que deseamos.
Acostumbrarse al collar y a la correa.
Ponerselos para salir y
quitarselos en cuanto llega a casa, para que lo asocie al paseo. No es bueno
dejarle siempre suelto en la calle, o cuando llegue a adulto no se acostumbrará
a ir atado. Cuando es muy pequeño conviene dejarle tirar de la correa (le
desarrolla los músculos del pecho); pero al crecer ha de aprender a ir al lado
sin tirar.
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